No es casualidad que muchas lactancias acaben en torno al tercer mes de vida del bebé. Por desgracia, las falsas creencias, los múltiples comentarios del entorno y la falta de información, crean de nuevo inseguridad en las madres, que una vez más pueden acabar interpretando que sus bebés se quedan con hambre. En esta ocasión, son varios factores los que están interviniendo, por lo que es la crisis más compleja. Además, la crisis puede ser laaaargaaa, no es cuestión de unos días...

Pero al igual que en todas las crisis, simplemente estamos ante una etapa de cambios. El bebé crece y su demanda cambia, y la producción se va regulando. La información adecuada puede ayudar a comprender lo que está ocurriendo, normalizar la situación, "empoderarnos" y seguir adelante con confianza en nosotras y nuestro bebé.

En esta crisis, el cambio que observamos en la forma de mamar del bebé puede ser bastante desconcertante. Por un lado, al inicio de la toma parece enfadarse con el pecho, da tirones, se muestra ansioso... Pero sin embargo tras apenas mamar un pocos minutos el bebé se suelta y parece saciado. ¿Qué es lo que ocurre?

Vayamos por partes... En primer lugar, la producción se va regulando, la leche ya no se encuentra disponible inmediatamente como hasta ahora, sino que comienza a fabricarse cuando el bebé empieza a mamar, así que tarda un poco en salir, y claro, esto no le gusta demasiado. Ha de tener paciencia y aprender que, si continúa mamando, enseguida la leche estará disponible. Esta regulación de la producción hace que la madre se note los pechos flojos y junto con el enfado que muestra el bebé es fácil pensar "no tengo leche". Sin embargo, tan sólo se trata de una cuestión de eficiencia. La perfecta maquinaria de la mama fabrica justo la cantidad de leche que el bebé necesita y en el momento en que la necesita. No es plan de ir todo el tiempo que dure la lactancia "goteando leche", ¿verdad?

Por otro lado, el bebé de 3 meses se ha hecho ya un experto y consigue extraer la leche que necesita en muy muy poco tiempo, apenas unos 5 minutos o menos. Esto, lejos de alegrar a la madre, que ha vivido 3 meses con su pequeño pegado a la teta, no es más que un motivo añadido para pensar erróneamente eso de "no tengo leche".

A lo anterior se le suma también el hecho de que el bebé se distrae con facilidad. Está sufriendo importantes cambios madurativos a nivel cerebral. Ahora ve y oye mejor y todo a su alrededor resulta estimulante. Ha de empezar a descubrir el mundo más allá de la teta de mamá y a veces le importa más que quedar saciado. Así que las tomas se vuelven caóticas, el bebé sólo mama 5 minutos y además durante la toma se suelta varias veces distraido. Sólo maman bien de noche o mientras están dormidos. Por eso se recomienda que las tomas sean en un lugar tranquilo y con pocos estímulos mientras dure la crisis.

Si a todo lo anterior le añadimos por último que el crecimiento comienza a ralentizarse y ya el bebé no pone tanto peso como hasta ahora, tenemos el cóctel ideal para creer que no come lo sufiente, que no se está alimentando bien y empezar a preocuparnos.

De nuevo ante esta situación lo más importante, una vez se dispone de toda esta información, es tener confianza, paciencia y pensar que todo tarde o temprano pasará.

Alrededor de la cuarentena suele llegar la segunda crisis de lactancia.

De nuevo el comportamiento del bebé puede desconcertar y angustiar a las madres. El bebé se muestra nervioso al empezar a mamar. Da tirones, arquea la espalda y estira las piernas. Puede hacer ruidos de desagrado mientras está mamando, y es que realmente hay algo que no le gusta demasiado... La leche materna, que suele ser más bien dulce, ahora cambia temporalmente su composición y se vuelve más salada.

Como siempre los comentarios del entorno no ayudan: "te rechaza el pecho", "no sale leche", "se queda con hambre"...

Ante esta crisis, al igual que en las demás, se debe tener paciencia, pensar que no pasa nada y seguir amamantando a demanda. Tras aproximadamente una semana, el sabor de la leche se normalizará y el bebé volverá a mamar con tranquilidad.

En esta infografía Mamandoo resume las características más comunes de esta crisis y algunos "truquitos" para que sea algo más llevadera.

 

 

Retomamos la actividad en el blog de Mamandoo para seguir hablando de las crisis de lactancia.

Empezamos con la primera, que suele ocurrir entre los 15-20 días de vida del bebé. Se trata de una crisis de producción pura y dura. De repente, el bebé que había seguido unas pautas de comer-dormir bastante regulares, comienza a no parecer saciado, quiere estar todo el tiempo mamando y si se suelta vuelve a pedir de nuevo al poco rato, llorando desconsolado. Puede incluso regurgitar bastante leche, pero querer continuar mamando.

Este comportamiento se debe a la necesidad de aumentar la producción de leche. El bebé está creciendo y necesita comer más. Teniendo en cuenta que el pecho funciona como una fábrica, cuanto más demande el bebé más leche se producirá, por lo que, mamando con mucha frecuencia e intensidad durante unos días, se consigue el objetivo, y el bebé volverá a estar más tranquilo y espaciar las tomas.

La mamá (como casi siempre) tiende a pensar que no tienen leche suficiente, sobretodo porque empieza a no tener los pechos tan duros como al principio. A esto se le suman los comentarios de los muchos “opinólogos”: “Este niño se queda con hambre” “Necesita una ayudita”.  Si el bebé ya ha recuperado el peso del nacimiento, moja pañales y hace al menos unas 2 deposiciones al día, no hay de qué preocuparse. Sólo hay que dejar que el bebé mame todo lo que quiera, tener MUCHA PACIENCIA Y CONFIANZA y en unos días la crisis habrá pasado. Eso sí… la mamá va a estar muy ocupada dando teta, así que necesitará que alguien se encargue de todo lo demás en casa.

 

Durante las próximas semanas en Mamandoo vamos a hablar un poco sobre las crisis de lactancia. Desgraciadamente muchos padres (y sobre todo los conocidos "opinólogos") desconocen su existencia, incluso los profesionales sanitarios las suelen pasar por alto. Y empiezan los comentarios como: "este niño se queda con hambre" y enseguida siembran en las madres la gran duda... TENDRÉ LECHE SUFICIENTE??? Y si cae una "ayudita" y luego otra, y otra,... se van reduciendo tomas. El pecho funciona como una fábrica, que produce exactamente la cantidad de leche que el bebé necesita. Si con las introducción de las "ayuditas" el bebé mama cada vez menos, el pecho entiende que no necesita tanta leche y cada vez produce menos, hasta que finalmente acabamos teniendo historias de lactancias satisfactorias, que por desgracia acaban con un: "me quedé sin leche!"

Y es que cuando estas crisis llegan lo importante es estar informados, preparados, concienciados, y que los padres hagan oidos sordos a esos "opinólogos" y entiendan que ante una crisis de lactancia lo que hay que hacer es justo lo contrario: Dejar que el bebé mame lo que quiera, que él es el que sabe lo que necesita, que mamando más o menos es su forma de dar directrices al pecho de su madre para que de esta forma se produzca justo la cantidad de leche que necesita. Sólo hay que tener MUCHA PACIENCIA Y CONFIANZA