Crisis de los 3 meses… ¡LA GRAN CRISIS!

No es casualidad que muchas lactancias acaben en torno al tercer mes de vida del bebé. Por desgracia, las falsas creencias, los múltiples comentarios del entorno y la falta de información, crean de nuevo inseguridad en las madres, que una vez más pueden acabar interpretando que sus bebés se quedan con hambre. En esta ocasión, son varios factores los que están interviniendo, por lo que es la crisis más compleja. Además, la crisis puede ser laaaargaaa, no es cuestión de unos días...

Pero al igual que en todas las crisis, simplemente estamos ante una etapa de cambios. El bebé crece y su demanda cambia, y la producción se va regulando. La información adecuada puede ayudar a comprender lo que está ocurriendo, normalizar la situación, "empoderarnos" y seguir adelante con confianza en nosotras y nuestro bebé.

En esta crisis, el cambio que observamos en la forma de mamar del bebé puede ser bastante desconcertante. Por un lado, al inicio de la toma parece enfadarse con el pecho, da tirones, se muestra ansioso... Pero sin embargo tras apenas mamar un pocos minutos el bebé se suelta y parece saciado. ¿Qué es lo que ocurre?

Vayamos por partes... En primer lugar, la producción se va regulando, la leche ya no se encuentra disponible inmediatamente como hasta ahora, sino que comienza a fabricarse cuando el bebé empieza a mamar, así que tarda un poco en salir, y claro, esto no le gusta demasiado. Ha de tener paciencia y aprender que, si continúa mamando, enseguida la leche estará disponible. Esta regulación de la producción hace que la madre se note los pechos flojos y junto con el enfado que muestra el bebé es fácil pensar "no tengo leche". Sin embargo, tan sólo se trata de una cuestión de eficiencia. La perfecta maquinaria de la mama fabrica justo la cantidad de leche que el bebé necesita y en el momento en que la necesita. No es plan de ir todo el tiempo que dure la lactancia "goteando leche", ¿verdad?

Por otro lado, el bebé de 3 meses se ha hecho ya un experto y consigue extraer la leche que necesita en muy muy poco tiempo, apenas unos 5 minutos o menos. Esto, lejos de alegrar a la madre, que ha vivido 3 meses con su pequeño pegado a la teta, no es más que un motivo añadido para pensar erróneamente eso de "no tengo leche".

A lo anterior se le suma también el hecho de que el bebé se distrae con facilidad. Está sufriendo importantes cambios madurativos a nivel cerebral. Ahora ve y oye mejor y todo a su alrededor resulta estimulante. Ha de empezar a descubrir el mundo más allá de la teta de mamá y a veces le importa más que quedar saciado. Así que las tomas se vuelven caóticas, el bebé sólo mama 5 minutos y además durante la toma se suelta varias veces distraido. Sólo maman bien de noche o mientras están dormidos. Por eso se recomienda que las tomas sean en un lugar tranquilo y con pocos estímulos mientras dure la crisis.

Si a todo lo anterior le añadimos por último que el crecimiento comienza a ralentizarse y ya el bebé no pone tanto peso como hasta ahora, tenemos el cóctel ideal para creer que no come lo sufiente, que no se está alimentando bien y empezar a preocuparnos.

De nuevo ante esta situación lo más importante, una vez se dispone de toda esta información, es tener confianza, paciencia y pensar que todo tarde o temprano pasará.

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