Retomamos la actividad en el blog de Mamandoo para seguir hablando de las crisis de lactancia.

Empezamos con la primera, que suele ocurrir entre los 15-20 días de vida del bebé. Se trata de una crisis de producción pura y dura. De repente, el bebé que había seguido unas pautas de comer-dormir bastante regulares, comienza a no parecer saciado, quiere estar todo el tiempo mamando y si se suelta vuelve a pedir de nuevo al poco rato, llorando desconsolado. Puede incluso regurgitar bastante leche, pero querer continuar mamando.

Este comportamiento se debe a la necesidad de aumentar la producción de leche. El bebé está creciendo y necesita comer más. Teniendo en cuenta que el pecho funciona como una fábrica, cuanto más demande el bebé más leche se producirá, por lo que, mamando con mucha frecuencia e intensidad durante unos días, se consigue el objetivo, y el bebé volverá a estar más tranquilo y espaciar las tomas.

La mamá (como casi siempre) tiende a pensar que no tienen leche suficiente, sobretodo porque empieza a no tener los pechos tan duros como al principio. A esto se le suman los comentarios de los muchos “opinólogos”: “Este niño se queda con hambre” “Necesita una ayudita”.  Si el bebé ya ha recuperado el peso del nacimiento, moja pañales y hace al menos unas 2 deposiciones al día, no hay de qué preocuparse. Sólo hay que dejar que el bebé mame todo lo que quiera, tener MUCHA PACIENCIA Y CONFIANZA y en unos días la crisis habrá pasado. Eso sí… la mamá va a estar muy ocupada dando teta, así que necesitará que alguien se encargue de todo lo demás en casa.